SALUDVisto 1426 veces — 21 septiembre 2020

Humberto Soriano, pediatra de la UC y presidente de la Asociación Médica para la Prevención (AMP) y Adriana Gutiérrez, psiquiatra infanto-juvenil y presidenta de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia de Chile (Sopnia), analizaron los datos que entregó el Estudio Mundial de Drogas 2020 de Naciones Unidas.

Los últimos datos segmentados del Estudio Mundial de Drogas 2020 de Naciones Unidas encendieron las alarmas sobre el alto uso de la marihuana en nuestro país. Chile es el número uno en el consumo de cannabis en el continente entre escolares con un 33,2% de prevalencia. Y en cuanto a la población general, es el cuarto país de América con mayor predominio de consumo, solo superado por las tres naciones que han legalizado el alucinógeno, Estados Unidos (sólo en algunos estados), Canadá y Uruguay.

Al respecto, Humberto Soriano, pediatra de la UC y presidente de la Asociación Médica para la Prevención (AMP) sostuvo que “la evidencia científica ha demostrado que a menor sensación de riesgo y mayor oferta aumenta el consumo. Además, existen factores protectores y factores de riesgos para el consumo de drogas y alcohol en niñas, niños y adolescentes, siendo el factor de riesgo más importante el tiempo de ‘carrete’ no supervisado. Cuando las niñas y niños de 13 a 15 años se juntan sin la presencia de un adulto, se asocia con tres a cuatros veces más el consumo de sustancias”.

En esa línea, agregó que “el plan ‘Elige Vivir sin Drogas’ -que se está instalando en 150 comunas en Chile, liderado por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas (Senda)- es una opción que las sociedades médicas han promovido para prevenir el uso con métodos científicos ya demostrados en otros países”. En el caso de Islandia, por ejemplo, “gracias al compromiso de las familias, los colegios y gobiernos locales lograron disminuir drásticamente los índices. En 20 años la embriaguez en adolescentes se redujo de un 42% a un 5%, y el uso de marihuana disminuyó de un 17% a un 3%. Eso es lo que necesitamos en Chile”, expresó.

Según Soriano, la clave del modelo islandés “es enfocarse en los factores protectores y de riesgos para la prevención del consumo de alcohol y drogas. Se trata de proteger, acoger y preocuparse de las cosas que llevan al consumo, por ejemplo, la inactividad y los ratos de ocio sin compañía de un adulto. Es fundamental que los padres sepan dónde están sus hijas o hijos, que conozcan a los amigos, a sus papás o que establezcan horarios consensuados de regreso a la casa. También, que existan alternativas recreacionales, deportivas o artísticas”.

Por su parte, Adriana Gutiérrez, psiquiatra infanto-juvenil y presidenta de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia de Chile (Sopnia), señaló que “el consumo actual en la población adolescente es muy preocupante, sobre todo al considerar que la marihuana afecta el funcionamiento cerebral de zonas importantes que se relacionan con procesos de atención, concentración, memoria que son necesarios para el aprendizaje. Además, el inicio del consumo en edades tempranas se asocia con mayor riesgo de generar adicción y también con el desarrollo de psicosis en el futuro, más aún en aquellos individuos con vulnerabilidad biológica”.

Para la psiquiatra, “el cierre de los colegios, debido a la pandemia, es una situación que complica mucho la intervención de la prevención ambiental al estilo del modelo islandés, ya que este modelo, entre otras cosas, realiza un trabajo escolar centrado en la prevención y fomentar actividades extra curriculares que en nuestro país se realizan principalmente a nivel de los establecimientos educacionales. Pero también nos da una oportunidad de poder intervenir y de hacer mucho más partícipes a los padres y a quienes cuidan, es decir, poder hacer énfasis justamente en la intervención en quienes están supervisando/ cuidando y de qué manera puedan ejercer esa supervisión, que no tiene que ver con tener demasiadas restricciones, sino que aumentar la comunicación, la posibilidad de interactuar con los hijos, estar más presentes”.

Finalmente, sobre las alarmantes cifras que entregó el Estudio Mundial de Drogas 2020 de Naciones Unidas, Gutiérrez explicó que “el aumento del consumo tiene que ver con la legalización, pues baja la percepción de riesgo sobre los efectos dañinos de la cannabis y eso se relaciona directamente con el aumento de su uso. Por ejemplo, al hablar de propiedades terapéuticas de la marihuana, sin separar los distintos componentes que pudieran tener alguna propiedad se crea en la población la sensación de que no existe efecto nocivo de la misma. Por otra parte, hay grupos que promueven el uso de la marihuana medicinal y está tan integrado a la población que en muchas oportunidades cuando se debe indicar, por ejemplo, un antiepiléptico, el médico se encuentra con que las madres dicen, ¿no será mejor indicarle marihuana en vez de ese remedio que usted le quiere dar? Sin embargo, la evidencia hasta el día de hoy dice que la marihuana y sus derivados no tiene efecto medicinal, por lo que la ciencia no lo recomienda”.

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