CRÓNICAVisto 598 veces — 26 marzo 2020

Aún estamos a tiempo. Las consecuencias más graves de la pandemia que afecta a la humanidad la sufrirán las personas mayores. Chile es el segundo país más envejecido de América y por lo tanto un gran número de su población es propensa a padecer el COVID 19 con severos resultados, incluso la muerte.

“Las enfermedades no nos llegan de la nada. Se desarrollan a partir de pequeños pecados diarios contra la naturaleza. Cuando se hayan acumulado suficientes pecados, las enfermedades aparecerán de repente”, profetizó Hipócrates, padre de la medicina. Al parecer los pecados cometidos en contra de la naturaleza han sido demasiados y es hora de recibir la cuenta. Es por ello que debemos tomar consciencia como sociedad que al no adoptar las medidas de prevención señaladas por la autoridad sanitaria y la propia OMS estamos condenando a nuestros mayores a una muerte segura, ya hemos visto el desarrollo de los hechos en países como España e Italia y el alto costo en vidas que han sufrido sus adultos mayores.

El artículo 29 de la Convención Interamericana sobre la protección de los DD. HH de las personas mayores obliga a los Estados a tomar “…las medidas específicas que sean necesarias para garantizar la integridad y los derechos de la persona mayor en situaciones de riesgo, incluidas las situaciones de conflicto armado, emergencias humanitarias y desastres”, por lo cual no es una opción para la autoridad instaurar medidas, por severas que éstas sean, para proteger a las personas mayores del contagio de Coronavirus, es su obligación, y está contenida en un Instrumento internacional que tiene categoría constitucional. El llamado a la autoridad es entonces a hacer su trabajo de manera responsable y seria, antes de que sea demasiado tarde.

El resto de la población que no se encuentra en el grupo de adultos mayores, debe comprender que los más afectados por su irresponsabilidad o falta de empatía, no serán ellos, sino su abuelo, abuela o aquella tía a quien tanto quieren. Lo más dramático es que ni siquiera tendrán la oportunidad de despedirse, ni realizar un ritual funerario de adiós en aquellos casos que desemboquen en la muerte. Aún estamos a tiempo, es momento de tomar consciencia.

Gonzalo Tapia

Coordinador Programa CEAMI

Universidad Santo Tomás

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