El calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico debido al fenómeno de El Niño sería el factor desencadenante.
Un invierno más cálido de lo normal ha sorprendido a los antofagastinos con temperaturas máximas que han alcanzado los 22 grados en el mes de julio, muy por sobre los 18° que promedia la Perla del Norte en esta época del año, de acuerdo con el reporte de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) con base en el aeropuerto Cerro Moreno.
Al respecto, el geógrafo y director del Centro de Ingeniería en Mitigación de Catástrofes Naturales (CIMCN) de la UA, Jorge Van Den Bosch, atribuye directamente esta condición climática con el calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico, provocada por el fenómeno de El Niño, confirmando el pronóstico elaborado hace unos meses por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos.
El investigador sostiene que la temperatura del mar fluctúa entre los 13 y 14 grados, sin embargo, debido a esta anomalía climática proveniente del centro ecuatorial del Pacífico, se ha incrementado hasta los 17°, provocando el alza de la temperatura y la sensación térmica, lo cual ha sido percibido por los habitantes de las ciudades costeras del norte de Chile.
“El mar es una fuente de calor, de regulación de temperatura. Cuando la tierra está caliente, el mar le entrega el aire frío, y al revés, se calienta durante toda la noche y compensa la temperatura cuando la tierra está más fría. O sea, es un regulador térmico muy bueno, pero actualmente está entregando temperaturas más altas de lo habitual”, explica Van Den Bosch.
El científico enfatiza en que “el océano es nuestro climatizador, al captar energía durante el día. Se calienta lentamente y recién en la noche, tipo 9 o 10 de la noche empieza a liberar la energía, pero ahora entrega mucha más energía, elevando las temperaturas, y si tiene 17 grados el mar, va a llegar fácilmente a los 18 grados o 19 en la noche, y le va a entregar esos dos grados de diferencia a la tierra”.
Por ende, es usual que las personas además del aumento de la temperatura perciban en el atardecer o en la franja nocturna, una moderada brisa marina cálida, similar al que se presenta en la época la época estival.
En este sentido, el comportamiento de El Niño estaría recién en su fase inicial y con la llegada de la primavera las temperaturas van a aumentar, pudiendo extenderse el fenómeno hasta por un año, alcanzando su nivel máximo en los meses de enero y febrero, tal como ocurrió en el año 1877 y 1878.
Lluvias y marejadas
Esta anomalía climática no solo trae el aumento de un ambiente cálido, sino que también se incrementa la posibilidad de lluvias y eventuales remociones de masa en el sector alto de Antofagasta, tal como ocurrió el 18 de junio de 1991, cuando tras intensas precipitaciones un aluvión cobró la vida de más de 100 personas.
Otro de los efectos del fenómeno de El Niño, es el incremento del oleaje (con un nivel de energía mayor), debido a la cercanía (a solo 50 kilómetros) de las tormentas o eventos que provoca la intensificación de la oscilación y agitación del mar.
“Nosotros estamos acostumbrados al concepto de marejada, que es una ola que viaja desde el centro del Pacífico, viaja, viaja, viaja…(sic), y ataca las costas nuestras. Eso es una marejada, ahora es diferente, esta vez la marejada se va a generar más cerca de la costa y no tendríamos una marejada común, vamos a estar dentro del centro de tormenta y las olas tendrán más fuerza, son marejadas mucho más intensas, más fuertes”.
En este sentido, el académico rememora lo ocurrido en el año 1982 en el país, cuando producto del mismo fenómeno, la intensidad del oleaje destruyó diversas terminales portuarias e instalaciones ubicadas en el borde costero.
Finalmente, el experto hace un llamado a las autoridades a prevenir y enfrentar las vulnerabilidades con el apoyo de la ciencia, por una parte, reubicar a las personas que habitan en zonas de riesgo e implementar las medidas que permita el resguardo de la población.











