CORE CRÓNICAVisto 4807 veces — 14 octubre 2023

Karate 24/7, esa es la vida de Amei Collao, una joven karateca e influencer que dedica su día a día a visibilizar y enseñar su disciplina, especialmente a niños y niñas, a quienes instruye en el Dojo que hoy es su hogar y el de su padre.

¿Quién es Amei, en tus palabras? ¿Tú cómo te defines?

Primero que nada, deportista, karateca, soy una persona súper paciente, tranquila, calmada y creativa también.

¿Cuáles crees tú que son tus mejores virtudes?

Yo creo que la paciencia, De hecho, esa es una de las de las virtudes que tengo y una de las razones por las cuales trabajo con niños, porque tampoco es fácil, no cualquiera trabaja con niños y es una de las cosas que más más me gusta hacer. Me gusta mucho trabajar con ellos, siento que son muy puros, muy alegres y creo que eso es una de las virtudes más grandes que tengo. Y la calma, soy calmada, pueden estar pasando 1000 cosas, pero siempre me voy a mantener tranquila. Creo que es muy difícil sacarme una de mis casillas.

¿Cómo ingresaste a este mundo de las artes marciales, qué fue lo que te motivó a empezar?

De muy chiquitita, siempre estuve ligada porque mi papá siempre ha practicado karate, artes marciales de los 8 años. El me tuvo como a los 22, o sea, fue papá a los 22 y desde que yo tengo memoria que él es cinturón negro y él siempre trató trató de inculcarme el tema del karate, pero más que nada como defensa propia, como defensa personal y obviamente por el tema de ser mujer tan expuesta a un montón de cosas más. Y más que nada para que yo pudiera, en caso de cualquier cosa, estar preparada.

Después ya con el tiempo le fui agarrando el gustito, practiqué harto tiempo más que nada como recreativo y después me desmotivé un tiempo porque no había más mujeres en mi clase, entonces a veces tenía que competir con chicos cuando era más pequeña y siempre me iba bien, siempre ganaba, pero obviamente una quiere compartir esas ganas, esos entrenamientos con otras chicas, y yo era la única, entonces dejé el karate como a los 9 o 10 años, le dije a mi papá que no quería hacer más karate, me dijo “tranquila, no hay problema”, pero no dejes el deporte ni de hacer ejercicio. Estuve en Voleyball harto tiempo, en futbol, y después cada vez que yo iba a los torneos decía “No, yo quiero estar ahí, yo quiero competir, quiero ser parte de esto” y sentía como una cosita por dentro y el 2012 más o menos le dije a mi papá que quería volver a competir, y ahí me dijo “Si, obvio, pero tienes que entrenar duro porque esto no es fácil” y de ahí que no he parado de competir.

Ese año competí más que nada a nivel país y el 2013 fui por primera vez a Brasil, me fue bien, gané y de ahí que no he parado de competir.

¿Cuántos años tenías cuándo empezaste a competir de forma más profesional?

Cuando empecé tenía 13 o 14 años. De hecho tenía que sacrificar igual muchas cosas. Yo cuando era chiquitita estaba en la escuela, muchas veces mis amigas me invitaban así, no sé a pasar una tarde, al parque, a salir y yo no podía porque tenía que entrenar. Hubo un verano que estuve enero, febrero, marzo, entrenando tres veces al día, no salía ni el fin de semana, no salía ni en la tarde porque nos estábamos preparando para un torneo. Lamentablemente no pudimos ir esa vez, pero esa es mi vida, ahora una más grande se organiza, tiene sus tiempos, pero de chiquitita tuve que sacrificar muchas cosas y después mis amigas o amigos no me invitaban a ninguna parte, porque sabían que yo nunca iba a poder.

¿Alguna vez te sentiste discriminada por dedicarte a este mundo?

En la Universidad un poquito me pasó. Yo estudié una carrera, no me gustó y por temas de lucas me salí, yo toda la vida me negué a estudiar algo relacionado con el deporte, porque mis papás siempre estuvieron en el tema del deporte y siempre los profesores de educación física me ponían de ejemplo, decían que iba a seguir sus pasos y yo para hacérmelas de rebelde, “decía, no, yo no quiero y quiero otra cosa”. Después me di cuenta que en verdad era lo que yo quería, yo hago Karate 24/7, entonces me fui a preparador físico en la Santo Tomás.

Ahí me costó mucho hacer amigos y también me di cuenta que igual había otros chicos que hacían deporte y todo, pero quizá no tanto en mi curso, al menos al nivel que yo lo practicaba. En ese tiempo yo ya estaba participando en copas del mundo, Copa América. Era un poquito fome, porque de repente las ventanas de mis compañeros decían “Ay, vamos a la plaza” y no sé, se fumaban un pito y yo así como ¿Qué hago? Y yo los acompañaba, y era como “Ay, qué lindo” (ríe). Me daba cosa porque decía “Si me ve un profe van a pensar que ando en esas mismas”. Yo siempre traté de acomodarme también, no es que me sentí discriminada porque me han apoyado un montón en todas partes, pero es eso, yo sentía como si no encajara en ese lugar.

Si, porque son estilos de vida súper distintos.

Si, y que también son válidos, hay gente que se dedica a otras cosas, que trabaja, no sé. Aparte que la carrera de preparador físico también es súper exigente en temas físicos entonces yo entrenaba en la universidad, los ramos que uno tenía que rendir y hacer, y aparte después llegaba de la universidad en la noche a seguir entrenando, era súper exigente. Después por temas de tiempo y de recursos congelé la carrera, pero la voy a retomar o hay una carrera que se llama Ciencias del Deporte, pero me gustaría retomar los estudios.

Ahora, fuera del mundo del deporte, ¿Te has sentido discriminada o crees que aún faltan oportunidades para las mujeres?

Definitivamente no, y eso me pone muy contenta, al menos yo nunca me sentí discriminada o mirada en menos, al contrario, tengo al fortuna de estar en un Dojo, en una academia que es súper inclusiva, te apoyan un montón, respetan mucho a las mujeres en todos los sentidos, nos valoran mucho y valoran nuestro aporte en el Kyokushin femenino, y gracias a Dios lo que me pasaba a mí cuando era chiquitita ya no pasa.

Yo tengo una clase que hago a niños hasta los 12 años, y tengo 16 niñas y 4 niños, y eso me pasa muy seguido, a veces vienen puras chicas y eso es algo que me pone muy contenta. En los torneos también, a veces las categorías de las chicas tienen mucha cantidad de competidoras, o hay que hacer dos categorías, se dividen por peso, y la mayoría de las veces los combates de las chicas se roban las peleas porque yo creo que todas las mujeres tenemos un alma guerrera y eso queda súper demostrado en todos los torneos y en cada combate.

Genial que se haya abierto ese espacio.

Sí, yo creo que va igual un poco de la mano con el tema que se han ido dejados de lado varios prejuicios, porque a mí me pasó que yo tenía compañeras que me decían “yo siempre quise hacer karate, pero mi papá nunca me quiso dejar porque decía que era de hombre o que me iba a amachar”. Un prejuicio igual estúpido, por decirlo así, pero es algo que ya no se está viendo. Los papás también cada día están aceptando que este también es un deporte para mujeres, que pueden destacar.

Nosotros en el Dojo tenemos una cantidad de chicos súper talentosos y con un montón de habilidades y que se ve que tienen un tremendo futuro, y eso me pone muy contenta, también, muy feliz, muy orgullosa.

¿Hay alguna experiencia dentro de este deporte que a ti te haya marcado, pero de forma negativa? ¿Has pensado alguna vez “Yo no pertenezco aquí”?

No. Yo creo que nunca, y creo que también me ayuda mucho y me fortalece el tema de que yo enseño y de que soy referente también. Obviamente hay altos y bajos, pero bueno, yo tengo el privilegio de que nuestro instructor también es mi papá. Entonces lo seguía en muchos sentidos y obviamente también es una inspiración, yo lo veo hoy a sus 47 años entrenar, a veces no sé, resfriado, con dolor, pero él nos da el ejemplo, de que nosotros siendo jóvenes perfectamente podemos entrenar, darlo todo.

Además esto es un proceso, hay altos y hay bajos. Yo en mi trayectoria he tenido momentos en los que me ha ido muy bien y momentos en los que quizá uno o dos años no he sacado un primer lugar, y eso no me desmotiva porque es parte del proceso, o sea cada pequeño avance te hace aprender, acercarte a tu meta. Y en verdad me gusta mucho esto, no me veo haciendo otra cosa. Igual es difícil porque este deporte es súper agresivo, es súper violento este estilo de karate.

Y ahora preguntarte desde la vereda contraria, ¿Hay alguna experiencia que te haya marcado positivamente, que tú hayas dicho “este sí es mi lugar”?

Sí, bueno, es que tuve la posibilidad de ir por primera vez a Japón a un mundial y me gustó bastante la experiencia, el sueño de cualquier karateca, tener la posibilidad de poder competir allá, estar en la cuna del karate. Yo tuve el privilegio de poder dar examen allá con los maestros japoneses, que no cualquiera lo puede hacer. Yo entrené bastante para ese torneo, muchísimo y perdí en primera ronda, no quedé conforme con mi desempeño y llegando acá a Chile me motivé, y dije “No, yo quiero mejorar, quiero ser mejor”, porque aprendí de lo que había allá, de las chicas japonesas que tienen un nivel tremendo, y esa motivación me sirvió para prepararme para un torneo latinoamericano que fue acá en Santiago y ahí obtuve el segundo lugar.

Quedé muy conforme porque todo lo que yo me propuse lo pude lograr, entrené muchas cosas, muchas técnicas, y me emocioné también porque era algo que no había logrado hace mucho tiempo y eso creo que me marcó.

¿Qué sientes de ser una referente para otras niñas que quizás son “Ameis chiquititas” y que quieren ser como tú?

La verdad es que me gusta, me gusta bastante. Sí, es una responsabilidad bien grande. Y me ha pasado también que yo siento que no soy como la típica chica que pensarían que debería ser. Yo siento que la sociedad, el mundo quiere que seamos de tal manera y sobre todo si yo hago karate y enseño a los niños imaginan que debería ser de una manera que en realidad yo no soy. A mí me gusta maquillarme, me gusta tener ropa extravagante, mover las redes sociales, ser sexy, ser sensual, subir fotos a mis redes, pero eso no me hace menos mujer o menos karateca.

Eso es lo que yo también trato de visibilizar, yo soy karateca 24/7, pero también soy una persona adulta, y puedo decidir cómo maquillarme o vestirme como yo quiera, ese es el mensaje o el ejemplo que yo le quiero dar a la gente que me sigue, sobre todo a las niñas chiquititas y a las mujeres, que nadie puede decirles que si y que no, y que no se pueden poner tal cosa o que no pueden actuar de tal manera, obviamente siempre con respeto, respetando a los demás. Ese es mi mensaje y siento que igual lo he entregado bien porque de repente llegan niñas con brillitos, o con puñitos, y eso me gusta mucho, que siento que no hay un prototipo de mujer karateca.

Y creo que igual pasa esto en el tema de las artes marciales, que quizás como te encasillan en un tipo de mujer y no necesariamente tiene que haber un molde.

Toda mi vida o toda mi carrera de karateca, he estado más expuesta porque soy la hija del profesor. Pero gracias a Dios, mi papá siempre me ha cuidado en ese sentido y sabes que a mí me encanta sacarme fotos, vestirme de esta manera y él siempre me ha apoyado porque él siempre está muy en todo. El apoya mucho a las mujeres acá, está muy contento con el tema de que tenemos una tremenda selección de mujeres y siempre está apoyando en los eventos. Nosotros hace poco hicimos un evento de artes marciales solo de mujeres y tenemos ahora un montón de desafíos enfocados en las mujeres y para las mujeres, así que eso me pone contenta, muy orgullosa. Estamos trabajando en un torneo a nivel país, y el nivel del Kyokushin acá en Chile es tremendo, aprovecho igual de mandar un saludito a toda la gente, a las chicas o a quienes siempre están considerando a las mujeres, a las niñas.

¿Qué consejo le darías a las mujeres o las niñas que quieren iniciarse en este deporte y que quizás no se sienten tan seguras, que les da miedo, que no saben por dónde empezar?

Bueno, primero decirles que el miedo es un sentimiento super normal, todos los seres humanos tenemos miedo alguna vez en la vida. Lo importante es reconocerlo, saber que lo sienten y dar ese pasito que te lleva más allá, o sea, no quedarte con el miedo, sino que decir “Voy a hacer esto”.

Y también sacarse ese prejuicio de “Yo no quiero ir a karate porque me van a pegar”, que lo he escuchado muchas veces. Es muy difícil que a la primera clase venga alguien y te pegue, siempre te van a enseñar, te van a apoyar, y por el tema del karate no necesariamente el karate sirve para aprender a defenderte o para pelear, el karate es como un conjunto, te ayuda a sentirte mejor contigo misma, te ayuda con el autoestima, para sentirte más linda, más fuerte y de verdad que se los recomiendo, como cualquier disciplina.

Aprovechen, prueben y de verdad se van a sorprender. Acá aprendes el respeto, la lealtad, el espíritu, el coraje que se lleva en la vida cotidiana. En el caso de las niñas todo lo que se aprende acá lo potenciamos y lo llevan a la escuela, a la universidad, al trabajo, a la vida diaria. Competir también puede ser algo más recreativo y para tener paz mental, para conocer, detectar y de verdad que lo recomiendo mucho, es una disciplina muy bonita y muy completa.

Como última pregunta, si tuvieses a la Amei chiquitita al frente tuyo ¿Qué le dirías?

Le diría que siga en este camino, que va a ser difícil pero que es el camino indicado. Le diría que no se preocupe de los demás, que no haga caso a lo que los demás dicen de ella. Le diría que siga su camino nomás porque va a llegar muy lejos y va a estar muy orgullosa.

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