CRÓNICAVisto 2896 veces — 18 junio 2024

Por:Ricardo Rabanal Bustos

Hace 33 años Antofagasta fue arrasada por agua y lodo que bajaba desenfrenado, primero por las distintas quebradas de la ciudad y en los minutos posteriores, por las calles de nuestra indefensa Antofagasta…Recordemos !!!.

Los gigantescos aludes de barro y agua que se abalanzaron sobre la ciudad de Antofagasta dejaron un pavoroso saldo en muertos, heridos, damnificados, albergados, derrumbes y pérdidas materiales como nunca antes en la historia de la Ciudad. Pero como siempre ha sucedido en estos casos, los Bomberos, Carabineros, Personal de Salud, Ejército, Armada y Fuerza Aérea de Chile… y por supuesto, los vecinos de Antofagasta y sus jóvenes estuvieron allí para su defensa y reconstrucción.

Hoy, con el poblamiento descontrolado de los faldeos y quebradas de los mismos cerros que causaron la tragedia y que hoy, día a día, son mudos testigos de cómo se levantan campamentos ocupados con personas, en su mayoría extranjeros, que no vivieron o conocen esta tragedia.

Campamentos fuera de control, carentes de regulación y memoria histórica, sin las más mínimas medidas de seguridad, sin vías de evacuación o zonas altas de resguardo de inundación demarcado que protejan a las personas en caso de que tengan que salir de sus hogares. Sin alarmas y con callejones laberínticos que solo sus habitantes conocen y todos estos factores sumado a un clima que nos puede deparar otro “diluvio”, pareciera que estamos sentando las bases de una nueva tragedia, esta vez mayor… Ahora no existirán excusas… Las autoridades tienen la palabra.

CAPITULO I

EL ALUVIÓN DE 1991

Una nueva tragedia para la ciudad se volvería a repetir el 18 de junio de 1991, nuevamente 124 años después, pero esta vez la destrucción no vendría de las entrañas de la tierra o del mar desbordado sin control, sino que de los faldeo de sus áridos cerros que no pudieron absorber la gran cantidad de lluvia que cayó en la ciudad en muy pocas horas y provocó con un saldo de muerte y destrucción sin precedentes en la breve y reciente historia de Antofagasta.

Para la mayoría de nosotros, los Antofagastinos, la lluvia, tan abundante en las regiones del sur de nuestro Chile, eran en el año 1991 escasas para el norte del país. Podía decirse en esa época que en el litoral entre Arica y Chañaral no llovía nunca. A lo más, una camanchaca o neblina mojadora del amanecer que humedece las veredas y le daba algún respiro a la vegetación del desierto.

Sin embargo, a veces, muy de tarde en tarde, se dan las circunstancias para el excepcional fenómeno de una lluvia que, por muy breve que sea, pero reuniendo las condiciones de una inmensa y sin precedente intensidad, ocasione verdaderas catástrofes. Eso fue lo que ocurrió en la madrugada del 18 de junio de 1991 en la ciudad de Antofagasta.

La aparición de un viento fuerte y muy cálido que comenzó a barrer la ciudad sin mayor control, extraño a muchos Antofagastinos que no le dieron mayor importancia. Ya en las primeras horas de la noche la gente dormía plácidamente en sus hogares, sin saber lo que estaba por venir.

La llovizna primero y la lluvia después, alertaron los primeros minutos a la Central de Alarmas del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, que como era costumbre en estos casos despacha rápidamente las Compañías de Escalas y Salvatajes, 1° y 2° Compañías, para prestar ayuda y ver los casos de inundaciones, derrumbes e ingreso de agua lluvia a las casas, especialmente las que por la disposición geográfica de la ciudad están sus pisos bajo el nivel de la calle por donde debería escurrir el agua lluvia.

Los testimonios indican que lo que comenzó con una serie de llamados dentro de la normalidad para estos casos, rápidamente fue en aumento en muy pocos minutos, por lo que la Central de Alarma debió despachas a las demás compañías a prestar servicios a distintos puntos de la ciudad donde se requería la ayuda de los bomberos de Antofagasta. Solo pasaron unos 45 a 60 minutos cuando una buena parte todas las primeras unidades motorizadas con sus respectivos cuarteleros estaban en servicio prestando auxilio dispersas en la ciudad, pero siempre en comunicación radial.

El Comandante don Rafael Green González con parte de su Comandancia presente ya en la Central de Alarmas inmediatamente ordena la presencia de todo el personal de bomberos que pueda desplazarse a sus cuarteles respectivos o donde sus unidades motorizadas trabajan en forma urgente a prestar ayuda de inmediato, orden que fue cumplida de rápidamente. En ese tiempo no todos los bomberos de Antofagasta, tenían radios de comunicación, solo algunos y a los directores y Capitanes de Compañía, 14 en total se les había entregado unos radioescuchas que no podían transmitir, sólo recibían la señal del tráfico radial de la institución y eran de muy poco alcance y escaso tiempo de duración de sus baterías. Pese a esto la totalidad de la oficialidad, más los bomberos que sintonizan las emisoras locales, en especial Radio Máxima FM propiedad de un bombero, Don Guillermo Díaz y otros voluntarios que por su experiencia en lluvias anteriores inmediatamente bajaron a sus cuarteles o averiguaron dónde estaban sus carros trabajando, la institución prontamente contó con gran número de sus efectivos plenamente operativos y trabajando en la emergencia.

Pasada la medianoche, las partes altas de la ciudad, conformadas por cerros áridos y ripiosos con terraplenes resecos, comenzaron a ceder debido a los deslizamientos de tierra convertida en barro por la lluvia que socavaba sus cimientos naturales. De pronto, sin previo aviso, en la sorpresa de la noche, más bien silenciosos hasta el instante final y fatal, los poderosos aludes bajaron sin contención alguna arrastrado a su paso con hombres, mujeres, niños, viviendas, postes de alumbrado público que dejaron a oscuras la ciudad mientras se desintegraban en mil chispas eléctricas fantasmagóricas y peligrosas, automóviles estacionados en las calles, enceres de casa y partes de las viviendas que rodaron cerro abajo en dirección al mar.

Los distintos lugares afectados se transformaron en una escena difícil de creer para los Bomberos, Carabineros y el personal de las Ambulancias que a esa hora estaban todos volcados en las calles atendiendo distintos llamados de lo que hasta ese momento eran simples inundaciones naturales para una ciudad no acostumbrada a la lluvia torrencial. Varios bomberos no pudieron llegar a sus cuarteles y carros hasta horas después de pasada la lluvia y el amainé de los siete ríos caudalosos que cortaban la ciudad, pero con la ayuda de los valientes vecinos y la dignidad del deber que conlleva vestir el uniforme de Bombero de Antofagasta realizaron sus propios salvatajes con cordeles y hachas de oficial, una esforzada labor que le es reconocida por la comunidad entera hasta el día de hoy.

En el Cuartel General de Bomberos, en específico en su Central de Alarma a las 01:30 horas se recibió el primer llamado de una serie que llegaría a contabilizar 262 antes de las 13:30 horas del mismo día.

Es importante registrar estas informaciones no solo como dato histórico para los bomberos Antofagastinos sino por cuanto nuestro país, en toda su extensión, es una zona de catástrofes periódicas, sean ellas terremotos, inundaciones, incendios u otras tragedias que no podemos evitar, pero sí prevenir y enfrentarlas con eficiencia que proteja vidas y bienes amenazados.

PRIMERA FASE DE LA EMERGENCIA

Los aludes penetraron profundamente en los distintos planos de Antofagasta que coincidían con alguna quebrada que se adentraba en la profundidad de los cerros que le sirven de marco natural a la ciudad. Se contabilizaron una serie de aluviones en distintas partes, siendo los más importantes los registrados en los siguientes sectores o barrios del puerto de sur a norte:

-Caleta Coloso
-Sector Jardines del Sur
-Entrada sur de Antofagasta
-Edificio Caliche y sector Gran Vía
-Sector Población Covadonga
-Sector Cuartel N°2 del Regimiento Esmeralda, calle Playa Blanca, Quebrada el Buey
-Sector Quebrada Baquedano, que afectó a todo el sector, céntrico de la ciudad.
-Sector Calle Buenos Aires
-Sector Calle México.
-Sector Población Ferrobaquedano.
-Sector Quebrada la Cadena, Villa el Salto
-Sector Quebrada Salar del Carmen.
-Sector Población Bonilla, Quebrada Bonilla.

Dado primero la gran cantidad de inundaciones que se registraban en la ciudad con las primeras lloviznas y luego por la caída 42 mm de agua en 4 horas, el barro que bajó de las quebradas alcanzó sobre los 30 km/hora y hubo ríos de barro de hasta 2 metros de profundidad o altura de acuerdo a las características geográficas del suelo o calles por donde le correspondió bajar impulsado por la gravedad y pendiente del terreno. Fueron 6 u 8 zonas de aluviones con importancia relevante. Hubo 91 fallecidos y 19 personas desaparecidas, según cifras oficiales.

La Comandancia del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, ordenó la inmediata presencia de todos los bomberos de Antofagasta en la emergencia. Esta orden se comunicó por las radios portátiles que muy pocos bomberos tenían en esa época y por unas radios escuchas que tenían los directores y Capitanes y que solamente podían recibir la señal de la central de Bomberos y las diferentes estaciones de radios locales que ya a esa hora comenzaban a transmitir en directo el fenómeno que estaba sufriendo la ciudad y eran el único medio masivo para comunicarse con la totalidad de los voluntarios.

Horas antes de producirse los aluviones, todos los carros bombas y sus bomberos ya andaban en terreno atendiendo las distintas emergencias producidas por las inundaciones. Inundaciones que algunas horas más tarde se transformaron en ríos de agua, barro y piedras que arrasaría con Antofagasta y su gente.

Las llamadas a la central de Alarmas del Cuerpo de bomberos de Antofagasta fueron transformándose rápidamente desde problemas con desbordamientos de agua en distintas casas de la ciudad a solicitar desesperadamente ayuda por las vidas de personas atrapadas entre escombros, barro y agua que no los dejaba respirar los conducía a una muerte segura.

A consecuencias del barro y el agua que cubrió una extensa zona, se produjeron innumerables amagos de incendio, provocados por cortocircuitos, la mayoría de los cuales fueron controlados por los propios sobrevivientes con ayuda de bomberos.

Al mismo tiempo, las distintas Compañías de Bomberos, de inmediato, procedían al salvataje de personas atrapadas por los derrumbes o sepultadas por el lodo en una labor que duro días y en la que hubo que sobreponerse al cansancio físico y mental y a la carencia de implementos de rescate.

El Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, con sus 7 compañías y una brigada, participó directamente en el rescate de 312 personas. Al hospital local fueron transportados 162 heridos y otros 700 fueron atendidos por paramédicos y enfermeras de ambulancias en los mismos sitios de la catástrofe.

Esta primera fase de emergencia se completó con el traslado de cientos de damnificados a los albergues, que fueron las escuelas públicas municipales, señalados por la autoridad.

Durante las primeras 15 horas de operación se rescataron 32 cadáveres, lo que indica la magnitud de esta tragedia y la fortaleza física y mental que debieron tener los Bomberos, Carabineros, personal de Salud y Vecinos Voluntarios y cientos de Antofagastinos anónimos, especialmente cuando se trató de menores de edad.

SEGUNDA FASE DE LA EMERGENCIA

Hubo que continuar con las tareas de demolición y rescate de atrapados y de cuerpos sepultados durante varios días en conjunto con Carabineros, Ejército Servicio de Salud, Cruz Roja, Grupos Guías y Scouts y voluntarios civiles, estudiantes y pobladores que demostraron un compromiso inmenso con la ciudad y su gente, especialmente con las víctimas y afectados con destrucción parcial o total de su vivienda, hasta que la autoridad ordenó oficialmente ya el fin de la búsqueda de los desaparecidos.

Una mención aparte y por lo dolorosa que resultó la misión fue cuando a pocas horas de la tragedia se mandó a un carro bomba con jóvenes aspirantes y bomberos al Hospital Regional a entregar agua para sus estanques, ya que el suministro del vital elemento de emergencia se estaba agotando lo que podía producir una crisis sanitaria o de alimentación al interior del recinto. Pero cuando llegaron allá el personal de salud les pide ayudarlos en la más triste misión que tal vez le haya correspondido efectuar a los bomberos de Antofagasta y que nos permitió ver la magnitud y dolor de la tragedia en el rostro de las víctimas, al comenzar a lavar con profundo respeto y silencio los cadáveres de los fallecidos rescatados de entre el barro y los escombros horas antes por otros voluntarios. Hombres, mujeres y niños fueron lavados dignamente por los bomberos Antofagastinos, antes de que el barro se endureciera en sus cuerpos y así pudieran ser reconocidos y entregados lo más decorosamente a sus familiares que por esas horas ya se agolpaban en las dependencias del Hospital Regional.

Al mismo tiempo, y debido a la destrucción del sistema de agua potable, hubo que dar servicios de agua a hospitales, clínicas y consultorios. También a 45 panaderías, poniendo fin a una descarada e inhumana especulación de agua envasada desatada por el desabastecimiento del vital elemento. Igual servicio se dio a más de 60 albergues, 40 de ellos Escuelas Municipales, a Carabineros, Armada, cárcel y otras instituciones, y a la población en general por más de 30 días.

La provisión de agua potable fue obstaculizada por diversas roturas del sistema de cañerías, lo que obligó al Cuerpo de Bomberos a destinar carros bomba y aljibes en la planta de filtros (kilómetro 12 a la entrada de la ciudad). Se llegó a cargar con agua a través de las bombas de nuestros carros a 200 aljibes diarios, aliviando notoriamente la situación de agua en los diferentes puntos de la ciudad.

Párrafo aparte merece la ayuda solidaria prestada por otros Cuerpos, ninguno de los cuales puede decirse sea “vecino”, dadas las grandes distancias que separan a las ciudades del norte y el destrozo existente en los caminos. A pesar de ello, los Cuerpos de Iquique, Calama, Tocopilla y Mejillones enviaron carros y voluntarios que se sumaron al plan de ataque de la emergencia. El Cuerpo de San Javier, a casi dos mil kilómetros de distancia, fue el primero en remitir en tres grandes camiones ayuda de ropas y víveres para las familias Antofagastinas, en especial para las familias de bomberos que habían sido afectadas por el aluvión.

Sin pensarlo ni quererlo durante más de 15 días se formó una fuerza de trabajo formada por diferentes Cuerpos de Bomberos de la Región que concurrieron en ayuda de Antofagasta, todos estos bomberos que realizaron una labor incansable, valiosa y sacrificada debían ser atendidos con alojamiento y alimentación. El alojamiento se dio en los propios cuartes de bomberos, pero en lo relacionado a los suministros de comidas la coordinación con la Municipalidad de Antofagasta a través de su Corporación Municipal de Desarrollo Social fue fundamental para el abastecimiento de alimentos para más de 150 personas diarias. Comidas y colaciones que fueron preparadas por recordados bomberos y damas bomberiles en el Cuartel General de Bomberos de Antofagasta que sirvieron a diario estas meriendas.

LAS CONSECUENCIAS

El Cuerpo de Bomberos de Antofagasta fue un damnificado más de esta tragedia. Dos cuarteles sepultados en más de dos metros de barro y sus dos casas de cuarteleros perdidas totalmente y otras tres casas de cuarteleros en otros cuarteles dañadas seriamente. Incluso el Cuartel General resultó con su estructura, techumbre y sistema eléctrico dañado hasta este tiempo.

El material mayor sufrió gran número de averías, sea a causa del alud, sea a causa de la sobrecarga de trabajo a que fue sometido. La Intendencia Regional de ese tiempo cubrió los gastos más urgentes de reparaciones para mantener el equipo en operación.

El último carro que prestó servicio en el aluvión de 1991 fue oficialmente despedido de la dotación motorizada con honores por su Segunda Compañía de Bomberos Salvadores y Guardias de Propiedad, el 15 de noviembre del año 2014 y hoy completamente reparado presta servicios en la Compañía N° 7 de Puente Alto.

En la actualidad, de estos heroicos carros del año 91, solo se conserva en calidad de reliquia bomberil el Carro Ford F-600 año 1971 quien es mantenido impecablemente por la Tercera Compañía, bomba Hrvatska, donde prestó servicios por más de 21 años.

Si bien los vecinos de Antofagasta fueron sometidos a una dura prueba de sobrevivencia y al principio muchos de quienes no sufrieron daños se agolparon a ver la magnitud de la tragedia a los sectores más golpeados por los aluviones, estorbando de este modo la labor de los salvatajes de personas y recuperación de cuerpos que realiza Bomberos, Carabineros y Personal de Salud finalmente se dieron cuenta de su inconveniente actuar y rápidamente fueron buscando formas correctas de ayudar.

También miles de Antofagastinos de distintas edades y condición social inmediatamente ayudaron desinteresadamente a los damnificados durante días y meses. A ninguno de los vecinos del puerto se le ocurrió ir a saquear un almacén o un supermercado, aun en los primeros días posteriores a la tragedia, tiempo cuando más escaseo el agua, la comida y la ayuda no llegaba o no se distribuía con la rapidez con que los afectados la demandaban.

Sin quererlo, ni buscarlo se formó una conciencia colectiva de “Antofagastinidad” y un sentido en que en unión podemos vencer cualquier obstáculo y prueba de la naturaleza porque Antofagasta nació y se desarrolló desde la resistencia a los elementos naturales y administrativos centralizados de dos naciones gracias a la templanza y vigor de toda su gente a lo largo de su historia en una porfía bendita que nos hace vencer el desierto y hacer fértil esta tierra en minerales y esperanzas de nortinos.

En ese tiempo de tragedia sepultamos silenciosos nuestros muertos, los lloramos con dolor, salvamos a los sobrevivientes y reconstruimos toda la ciudad. Fue un período de prueba y sacrificio que marcará por años a quienes nos correspondió servir en esta tragedia y cuya luz de fe y esperanza fue reflejada plenamente en la frase creada por un valiente profesor Antofagastino, Don Jaime Alvarado García, que esa noche fatídica salió temprano de su hogar, inmediatamente comenzó a llover a abrir su escuela ubicado en lo más alto de la ciudad, escuela que siempre servía de albergue y fue sorprendido por un aluvión en su legendario Jeep azul llevando un niño accidentado, la madre del menor y con un bombero como copiloto.
“Antofagasta mía… Levántate”.

CAPÍTULO II

NARRACIONES HISTÓRICAS PERSONALES DEL ALUVIÓN
RECUERDOS DE UN SOLDADO DEL GLORIOSO REGIMIENTO ESMERALDA N°7
Por: Carlos García Banda

Parte importante en número del regimiento “Esmeralda” se encontraba en el sector “Roca Roja” con una unidad al mando del Capitán Ayala en campaña.

Otros experimentados militares se ubicaban en el sector de “Cerro Moreno” planificando un ejercicio que debió suspenderse. Un temporal de arena y viento impedía una correcta visibilidad y por lo tanto nuestro seguro desplazamiento.

En el Cuartel N° 2 de la Quinta “Esmeralda” el CB1 Aliro Ramírez Lazcano, Clase de Servicio, ordena intempestivamente a eso de las 01.30 AM levantarse a los soldados y salir rápidamente a medio vestir de la cuadra. Su inteligente y sabia decisión, salvó de morir bajo el barro a más de 160 soldados en ese instante estaban a su cargo.

De pronto un ruido inmenso, que descendía desde la quebrada “El Buey” rasgando las calaminas de la construcción de los dormitorios y el agua arrastrando grandes rocas, comienza a bajar como una inmensa ola vertiginosamente desde el cerro y sepulta en minutos todo el cuartel.

El barro arrastra armamento y pertrechos militares y baja raudamente hacia donde hoy se encuentra ubicado el Hospital Militar, en lo que entonces era el patio del Batallón Logístico Nª 1 “Tocopilla”. Parte del vestuario y armamento que bajaban con el torrente quedaron atascados, por fortuna, en ese lugar, y algunos siguieron el curso natural al mar. Los vehículos del cuartel, arriba en el cerro, quedaron enterrados a 10 metros de profundidad.

Al otro día, como si nada y cumpliendo sus deberes militares, el contingente y toda la tropa, trabaja en labores de rescate en beneficio de los ciudadanos, sin contar la propia desgracia. Así es y será siempre el espíritu de los soldados del Glorioso Ejército de Chile, siempre generosos, y solidarios en la desgracia.

Existen históricas fotografías de la Inspección y visita a terrenos del Cuartel N°2 del Regimiento Esmeralda de Antofagasta del Presidente de la República Don Patricio Aylwin Azocar y el Comandante en Jefe del Ejército de Chile, General Augusto Pinochet Ugarte.

LAS ESCUELAS MUNICIPALES DE ANTOFAGASTA
Por: Ricardo Rabanal Bustos

Una mención especial, en esta terrible tragedia, merecen los colegios públicos de Antofagasta. Es sabido por todos los hijos de esta tierra que no importando la desventura que afecte a la ciudad: lluvias, incendios, temblores o terremotos, inmediatamente un refugio seguro es la Escuela Pública Municipal más cercana a su domicilio o donde generalmente estudian sus hijos. El aluvión de 1991 no fue la excepción y prontamente las personas que habían perdido todo, que se quedaron con lo puesto, sin más posesión que sus vidas y sus familias, se cobijaron en estas escuelas.

Señora Rosalba Peñailillo Jara Secretaria General Ejecutiva de CMDS, con el departamento de obras de la institución, supervisando escuelas municipales que funcionaban como albergues en el aluvión de 1991.

Inmediatamente, en forma valerosa y temeraria La secretaria General Ejecutiva de la Corporación Municipal Señora Rosalba Peñailillo Jara, logra llegar a la casa central de la Corporación Municipal, desde su domicilio ubicado en el sector Jardines del Sur de la ciudad, sorteando el paso de a lo menos tres zonas de aluviones y por minutos antes que bajaran los caudales de agua primero y lodo después. En ese entonces la Corporación Municipal de Desarrollo Social, estaba ubicada en la esquina de las calles Matta y Orella. De inmediato la Destacada Profesora Peñailillo Jara dio la orden rápidamente de abrir todas las escuelas de Antofagasta, orden dada por emisoras radiales AM y FM y por los teléfonos fijos de las y los directores y les solicitó además que con sus respectivos equipos docentes y administrativos en su totalidad comenzarán a ayudar en la medida de sus posibilidades de transporte y movilidad a las víctimas del aluvión. Día y noche, por varios meses a los damnificados fueron atendidos por el personal de Educación en forma solícita, fraterna y correcta.

Se llegó a tener sobre 45 colegios en condición de albergue con más de 42.000 albergados en los primeros veinte días de la tragedia. Los liceos del centro de la ciudad A-12, A-15, A-14 y A-17 debieron ser transformados en centros acopio, albergues generales, bodegas diversas y distribución de alimento.

En pocas horas con un funcionamiento administrativo y operativo solo de profesores, paradocentes y jóvenes alumnos voluntarios que apoyaron logísticamente las labores diarias de la carga y descarga de camiones, así como la coordinación de los itinerarios y recorridos de los camiones, furgones y camionetas voluntarias con entrega alimentos a los alberges a todas horas del día, se generó una organización o estructura de emergencia sin precedentes en el sistema municipal educativo de la Ciudad de Antofagasta por su capacidad logística.

Alcalde de Antofagasta Don Floreal Recabarren Rojas, Señora Rosalba Peñailillo Jara Secretaria General Ejecutiva de CMDS y Ricardo Rabanal Bustos Jefe de Gabinete CMDS, con delegación de la Comunidad Europea, supervisando escuelas municipales que funcionan como albergues en el aluvión de 1991.

Las escuelas de la Corporación Municipal de Desarrollo Social (CMDS), solo pudieron volver a la normalidad, después de varios meses, cuando los últimos albergados fueron conducidos a un campamento especial de familias sobrevientas del aluvión que constaba de 97 casas prefabricadas en la explanada norte que fue ocupada en la visita Papal a Chile, allí por varios meses esperaron la construcción definitiva por parte del gobierno de sus nuevos hogares.

RESPECTO DEL ALUVIÓN, UNA MIRADA DESDE LA GESTIÓN PÚBLICA
Por: Ricardo Andrade Hidalgo

Como recientes ocupantes del Edificio de la Intendencia (marzo de 1990), todo quedaba bajo llave (candados nuevos y llaves guardadas en casa de la Jefa de Administración y Finanzas, compañera PS, Ana María Reyes, QEPD).

La noche del aluvión, con el SEREMI de SERPLAC de la época, Marcos Simunovic, en su camioneta que me recogió por calle Matías Rojas (yo venía caminando desde la Población Dávila, porque mi leal Fiat 125S no se la pudo); encontramos las puertas del edificio de la Intendencia Regional con candados y cadenas…

La decisión de romper el vidrio principal de las añosas puertas de ese entonces fue seguida con la decisión de ingresar a un edificio lúgubre y en total soledad.

Recorrimos el edificio buscando la manera de ingresar a la sala de radios y comunicaciones. Fue imposible. Todo muy bien resguardado, todo bajo llave que no había forma de saber dónde estaban.

Luego logramos comunicarnos a través del ejército con la casa del Intendente Blas Espinoza y le sugerimos que esperara instrucciones en su casa, con un equipo de radio del Ejército, porque La Moneda se comunicaría a través de ese método. Otra manera de hacerlo no era posible con un edificio completamente hermético.

La cadena de comunicación con el resto de la región fueron las leales radios instaladas en ese entonces en cada una de las camionetas fiscales que, sin fallar, nos pudieron entregar las primeras impresiones de la región, desde esas leales radios pudimos conocer de boca de Gobernadores Regional y Alcaldes la situación que afectaba al resto de la región…

Movilizado en un Jeep del Ejército, un leal chófer de Intendencia (que aún cumple funciones) fue a casa de Ana María Reyes y logramos acceder al manojo de llaves e ingresar a las salas de radios, oficina del Intendente y comunicarnos con La Moneda a través del entonces “teléfono presidencial” (que nunca fallaba, venía desde el Gobierno Anterior).

Haciendo eco de instrucciones vía radio de nuestro Intendente Regional, Blas Espinoza, logramos llamar a un grupo importante de Seremis, a quienes se les entregó responsabilidades y a actuar en base a ellas.

En lo personal, y por instrucciones del Intendente, atendía cada una de los requerimientos comunicacionales del país y extranjero… Era indispensable tener una sola voz respecto a las noticias que emanaban desde la región y evitar especulaciones que dañaron la fe pública.

El Señor Gerardo Claps Gallo, a la época secretario ejecutivo del Consejo Regional (CORE), se le entrega la tarea de coordinar equipos administrativos y canalizar ayuda a los Seremis encargados de áreas. Las bodegas de MADECO fueron puestas a disposición y actuaron como centro de acopios de la ayuda nacional e internacional que llegaba a través de Camiones, barcos y aviones. Don Fernando Cortés, Jefe de Estudios de SERPLAC y un grupo de funcionarios y voluntarios (principalmente jóvenes estudiantes universitarios y secundarios) se dieron a la tarea de ordenar toda la inmensa ayuda recibida.

La Corporación Municipal de Desarrollo Social (CMDS) puso su amplia y estratégica estructura a disposición y muchos colegios actuaron como albergues.

Mientras se trabajaba en los detalles de la emergencia, algunos pobladores dejaban en la puerta de la Intendencia bolsas con cadáveres al no poder llevarlas al hospital, que estaba colapsado. Ese fue, quizás, uno de los trabajos más duros de la emergencia. La escasa capacidad profesional del Instituto Médico Legal (IML) no permitía hacer frente a esta macabra escena que nos acongojaba.

Estas bolsas fueron retiradas por personal de la PDI… eran unas cuantas y quizás de los pocos cadáveres que pudieron ser identificados.

Recuerden que aún hay listas de desaparecidos de ese entonces.

El Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, las FFAA y la Defensa Civil cumplieron notables labores de apoyo. Logística, personal e infraestructura ayudó muchísimo a aliviar las necesidades que planteaban que la emergencia podía ser un duro momento para la región.

La maquinaria y camiones que limpiaron las calles de la ciudad llegaron desde CODELCO y otras empresas y estuvieron a cargo del SEREMI del Trabajo Don Osvaldo Carrasco (QEPD).

En fin, una época durísima. Los funcionarios del equipo del Intendente Regional tuvimos extenuantes jornadas laborales. Más de algunos tuvimos que “vivir” en el edificio por semanas… no había tiempo que perder.

La campaña “No hay Chile sin Segunda” nace en una frase que trataba de inyectar optimismo y fe en que la emergencia estaba siendo atendida y superada. Había que trabajar en levantar el optimismo y confianza en la población, duramente tratada por la naturaleza.

Claro que hubo errores, varios seguramente, pero sirvieron para proyectar nuevas iniciativas para que nunca más este nivel de daño volviese a ocurrir. La decisión de enfrentar las condiciones geográficas de la localización de las ciudades de la región generó los proyectos denominados “vías aluvionales”, que hoy se muestran en los cerros de Antofagasta y Tocopilla. Estas vías aluvionales servirán para canalizar el agua lluvia ante eventuales catástrofes de similares características.

Demasiados recuerdos. Amargos muchos, pero también de satisfacción por las tareas cumplidas.

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