CULTURAVisto 2022 veces — 09 noviembre 2016

El proyecto Laboratorios de Primavera: Desiertos Intervenidos, de Colectivo SE VENDE, por medio del Instituto Superior Latinoamericano de Arte, ISLA, y su Centro de Residencias, llevó a cabo este programa formativo destinado a fortalecer y generar metodologías de investigación artística alternativa e interdisciplinaria.

Abriendo la posibilidad de ampliar el foco de interés de los creadores que han podido experimentar en el territorio, el trabajo tuvo que ir asimilando los aspectos geográficos y socioculturales de los localidades que se afrontan a situaciones como el despoblamiento, la conservación de las costumbres ancestrales, la agresiva intervención de la industria extractiva, junto a otros asuntos que aquejan el devenir de dichas áreas emplazadas en la costa, pampa y altiplano del desierto chileno.

La instancia permitió que más de 20 artistas en proceso de consolidación o emergentes provenientes de diversos lugares, tuvieran la oportunidad de indagar en tres potentes lugares que a pesar de estar ubicados en una misma región, contrastan fuertemente por sus paisajes, historias, y contextos.

Tres módulos intensivos de laboratorios de una semana de duración cada uno, dictados por tres reconocidos creadores, fue la apuesta de SE VENDE, que marca un hito en cuanto a las oportunidades que poseen los artistas para enriquecer y reflexionar colectivamente frente a determinados espacios.

Paposo – caleta en resistencia

El Módulo 1 de Desiertos Intervenidos – del 3 al 9 de septiembre – fue conducido por Bogdan Achimescu, artista rumano/polaco, quien visitó la caleta de Paposo, ubicada en la comuna de Taltal, la cual llamó la atención de los artistas por temas como la biodiversidad endémica rica en flora y fauna, la camanchaca en el paisaje, algunos hechos históricos particulares del sector, y sobre todo por la situación de una comunidad que busca la forma de no agotar los recursos del mar, con el propósito de prolongar en el tiempo las áreas de uso, manejo y extracción del huiro, la albacora, el loco, el pulpo y otros productos del mar.

Quillagua un laboratorio

El Módulo 2 de Desiertos Intervenidos – del 29 de septiembre al 5 de octubre – impartido por la artista de Valparaíso, Guisela Munita, contó con un grupo de investigación artística que al iniciar el estudio in situ, En el Lugar Más Seco del Mundo evidenció las principales tensiones que desde la lejanía eran difícilmente apreciables.

La compenetración y el adentrase en cada historia, permitió que la residencia diera pie para identificar la dureza del lugar, la cual mostró a través de la escasez hídrica, el extenso paisaje yermo que en ciertos sectores pierde la contemplativa quietud visual, revelando los vestigios de un pujante desarrollo agro industrial que hoy además conjuga con los conflictos de la perdida de identidad padecida por la población, tras haber ingresado al siglo XXI, periodo en el que continuó la perturbación territorial a raíz del encadenamiento productivo del sector minero.
Al ampliar todo el contexto, y para digerir la fuerte carga informativa, las oportunidades de dialogar se presentaron en diversas líneas. Considerando que la intención principal de la instancia era hacer hincapié en los procesos de pesquisa en el arte, el valioso tiempo operó como un intenso espacio formativo concentrado en los temas que internamente motivaron a cada uno de los participantes.

En este acontecer de recorridos y derivas, los jóvenes artistas desde sus dimensiones academizadas o autodidactas, asimilaron Quillagua, tensionando su presencia y concertando propuestas de intervención.

Ayquina y el ritual

El sitio más lejano al que este programa llegó, fue Ayquina – del 27 de octubre al 2 de noviembre – un pueblo andino de Alto el Loa que posee gran legado atacameño y católico. El sitio se encuentra en el altiplano a 2.900 msnm en una quebrada que desemboca en el río Salado, imponente escenario de investigación que estuvo conducido por el artista proveniente de Concepción, Oscar Concha.

Los artistas que participaron en esta residencia fueron Magaly Visedo, Angélica Araya, Gabriela González, Melanie Garland, Diana Zamorano, Patricia Díaz, Juan Troncoso, Felipe Tello, Ariel Aracena, Gabriel Navia, Francisco Vergara y Aníbal Naranjo.

Justamente la fecha que el grupo estuvo en Ayquina, coincidió con el 1 de noviembre donde se realizó la celebración el “Día de Todos los Santos”, es decir el día de los vivos, para al siguiente día celebrar el “Día de los Muertos” o de los difuntos.

Acogidos en este contexto territorial, Oscar Concha, planteó una metodología abierta que permitió con ciertos criterios argumentales tener libertad de investigar en base a las motivaciones que cada partícipe quiso trabajar.

La importante celebración religiosa en la que se desenvolvieron los creadores, tuvo diversas capas y líneas de indagación, dispersando al grupo por el pueblo, entre sus estructuras religiosas, viviendas, mesetas, cerros, sitios agrícolas y lugares de alto valor patrimonial e indígena.

El artista y gestor Oscar Concha, resaltó el proceso vivido en Ayquina junto a los talleristas, expresando que “es una experiencia valiosa el poder tener la posibilidad de ocuparse de manera acotada, eso es complejo porque hay algo que resolver y que está cargado de incertidumbre a raíz de la planificación, pues es un proyecto que se va a solucionar en brevísimo tiempo, pero después cuando se llega al lugar pasan muchas cosas, al vivirlo sin duda se generan cambios en la forma de palmar el territorio, hay que modificar los proyectos en la medida que estés preparado.

Es prudente agregar que el vital hecho de estar con un conjunto de personas en el intercambio de saberes, pararnos desde un territorio, mirarse cara a cara sin especulaciones por el simple hecho de que uno es el profesor, y los demás alumnos, la idea es que haya un intercambio de conocimientos, y permitir un espacio dinámico que consienta desarrollar proyectos que sin duda se basan a la experimentación directa con el sitio.

Siempre hay imprevistos que son parte de los procesos en comunidades. No hay que llegar como turistas, estábamos teniendo mucho respecto hacía la sociedad local, eso es bueno resolver de forma colectiva. En el campo de la formación y en el creativo creo que es súper necesario que el otro sepa lo que tú estás investigando, porque además existe la opción de preguntar, debatir o ir armando entre todos, aunque sean trabajos individuales se debe apoyar completamente, consolidando un tejido de reflexión que al final muestra un proceso de creación enriquecedor.

Es un grupo en diferentes dimensiones de crecimiento, habían varios que habían tenido o estado en talleres anteriores o atentos a una producción contemporánea en el espacio público, y aquello aportaba a los que por primera vez experimentaban con la propuesta planteada”.

Los participes lograron darse cuenta de la potencia de los lugares, y el sentido de humildad que hay que poseer al momento de experimentar con las condiciones naturales y el contexto singular del sitio intervenido. Por este motivo, se realizaron intervenciones sutiles que pertenecieron a un periodo efímero en el espacio rural y doméstico de Ayquina.

Estas circunstancias permitieron que acciones como la de Magaly Visedo y Angélica Araya, pudieran introducirse y captar algunos ritos fúnebres que en nombre de la madre tierra las familias brindaron recordando a todos sus queridos.

Respecto a la intervención que retrata la tradición de montar para el rezo altares con abundante comida junto a fotografías de los difuntos, la fotógrafa Magaly Visedo comentó que “llegamos en una fiesta muy especial, pues era la celebración a los muertos. Creo que fue una buena oportunidad para poder trabajar, hay términos que se pueden mejorar ya que algunos somos nuevos en la creación de una obra, por ende algunos necesitamos más guías, la comunidad de Alto el Loa es un poco cerrada y obviamente no quieren parecer parte de un circo, de un show, al final de mi trabajo encontré abrazos generosos, personas que estaban abiertas de mente para gente como nosotros, y ellos depositaron la confianza en que no teníamos objetivos comerciales ni turísticos, sino que en verdad hacer un material genuino, diferente en sus típicos rituales de homenaje a los muertos, y justamente me encontré con gente que dispuso las puertas de su casa contándome sobre su cultura.

Lo que hicimos con Angélica fue proyectar imágenes de sus fallecidos, generalmente hay una persona que ha muerto dentro de tres años, y ellos son los principales, entonces rendimos un tributo personal emitiendo la fotografía. Yo tuve el prejuicio de utilizar los recuerdos familiares, pero me encontré con algo distinto, pues sí ocupan sus recuerdos y retratos en estos ritos”.

Otra de las acciones que sucedieron en la residencia del Módulo 3 de Desiertos Intervenidos, fue el concepto visto por de la fotógrafa Diana Zamorano, quien comentó que “el ejercicio trató sobre el promesante, que son las personas que hacen los bailes religiosos, pero no han hecho su bautizo como bailarle a la Virgen, y ellos no tienen su traje, porque se lo deben ganar. Me convertí en una promesante que le vino a bailar a la Virgen de Ayquina, fue simbólico, porque existe toda una fe que se mantiene en este pueblo”.

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