DEPORTES FFMCS 2026Visto 539 veces — 03 noviembre 2026

Marianella Ávila, psicopedagoga y ex triatleta, deportista desde siempre, volvió al agua tras un periodo duro en que necesitó reconectar consigo misma. Una historia de encuentro tardío con el mar, y un cambio en la visión de su vida, la llevaron a cofundar Cetáceas junto a su esposo, un proyecto que mes a mes une a mujeres en las playas de Antofagasta para vencer el miedo de ir más allá de los límites y que de forma colectiva se reencuentran con ellas mismas, con el deporte y con la comunidad, a través de travesías que le dan un nuevo sentido al mar antofagastino, con convocatorias que han logrado unir incluso a 200 nadadoras y que comenzó a ganar notoriedad a nivel nacional. 

Lo primero es lo primero, ex triatleta… ¿Cómo fue la llegada y la posterior salida de ese camino?

Uy, a mí me encantaba, siempre me gustó el deporte, de toda la vida me gustó el deporte y he practicado de todo lo que he podido.En mi época de rugbista me lesioné, me corté el ligamento cruzado anterior y el doctor me dice que “tienes que ir a practicar en el agua”. Así que me empezó a fortalecer en el agua. Me gustó tanto el mar, tanto el mar que dije “Oye, ¿Por qué no le sumo la bicicleta y por qué no le sumo a esto el trote? Y ahí empezó mi amor por el triatlón”, te estoy hablando hace 10 años atrás cuando nadie en Antofagasta hacía triatlón. Y ahí empezamos a competir, me entrené y empecé a ir invirtiendo mis lucas, comprando una muy buena bicicleta, entrenándome todos los días. O sea, yo trabajaba a las ocho de la mañana y entrenaba de cinco y media de la mañana hasta las siete y media de la mañana, para que me calzara el tiempo de las ocho estar trabajando como psicopedagoga, salir a las cinco de la tarde y seguir una rutina.

Entonces trataba de poder hacer esa vida de triatleta. Y dentro de tantas cosas que suceden, en la vida hubo un momento económico en que tuve que deshacerme de todo lo que tenía invertido, porque es una muy buena inversión que tenía en bicicleta, en equipo de neopreno, en aletas, entre todo, que dije “Ya este es el momento, esto es lo que tengo acá para invertir”, lo vendí y ahí me desaparecí del deporte, y chao con el triatlón. Pero siempre quedó en mí el nadar, siempre, siempre me gustó nadar y eso que yo empecé a nadar tarde en mi vida.

Yo creo que a los 18 años me volví a reencontrar con el mar. Porque no sé si tú eres de la época en que el profesor de natación te llevaba al balneario. Y en esa época mi profesor me hundía para poder enseñar a nadar y te juro que para mí fue tan frustrante y tan doloroso porque fue como. Entonces yo decía ¿cómo lo hago? Hasta que hubo un momento en la vida que dije “No, tengo que enfrentarlo”, y ahí fue cuando me enamoré absolutamente del mar. Conocí a la gente indicada que son las señoras del balneario que se levantan a las 8 de la mañana a nadar.

Si, las conozco.

Con ellas empecé a nadar. Pero también me gustó tanto que empecé a ir a la madrugada con el grupo de los varones que son los lobitos de mar, y con ellos entrábamos a las 6 de la mañana al agua.Entonces fui conociendo otras rutas, otras personas en el ámbito del agua en Antofagasta y dije “Este es lo mío, aquí me quedo” y me enamoré del mar y de poder cruzar nadando a diferentes lados. De hecho, en mi época de deportista fui a cruzar hasta el canal del Chacao, por ahí por el 2013, tengo mi diploma.  Entonces son experiencias que quiero transmitirles justamente a las cetáceas, pero de una manera que sea amorosa, que sea “Oye, quiero volver al agua” “Oye, me hundió y no quiero volver más, me siento ahogada”. Quiero que sea amorosa.

Bueno, ya me has contado un poco de tu inicio, de tu trayectoria de volver al mar y que de ahí nace un poco esta idea de cetáceas. Pero ¿Cómo se concreta? ¿Cuándo llega ese momento en que tú dices “ya vamos a armar una comunidad, vamos a empezar a trabajarlo como una realidad más que como una idea”

Mira, tú como madre sabrás que después de tener un bebé hay 1500 emociones en el cuerpo. Desde no querer ir al agua, desde no querer a tu cuerpo, desde sentirte incómoda, de sentirte una boya gigante, de sentir qué me pasa y no sé qué me pasa, cómo lo verbalizo, cómo lo explico. Era mamá primeriza y a una edad no joven, entonces también hay mucho prejuicio, mucho… no tuve red de apoyo, éramos solo Cristian, que es mi esposo, y yo. Y ahí Cristian me dice “Vuelve al mar, vuelve a lo tuyo”, y empezamos a ver cómo lo hacemos. Porque nosotros tenemos el emprendimiento de tablas de sup, donde desde el 2016 nosotros enseñamos a las personas a andar en la tabla, a recorrer en Antofagasta. Yo soy profesora, me formé, me certifiqué en México para poder ser instructora de stand up paddle y de yoga por las tablas. Entonces, sé cómo enseñarte y decirte “Oye, ten cuidado con las personas que están nadando”. Si al final acá nosotros somos los automóviles y ellos son los peatones.

Y ahí empezó también ese amor por escuchar a las muchas mujeres que nos verbalizaban cuando nosotros hacemos nuestras clases de SUP (Stand up Paddle) y dicen “Oye, quiero nadar” “Me cuesta nadar” o “Me cuesta sentir el fondo marino”. Entonces, empezamos a poner atención a todo eso y hubo un momento en que Cristian me dice “Invoca a las mujeres, estás ahí depresiva, estás mal, júntalas. Eres una líder innata, tienes que hacerlo” y yo como que no, que pucha, y busqué todos los peros pero él insistía “Dale, dale”, y al final dije ya, voy a juntar mujeres, pero ¿Qué nombre le poníamos? “Cetáceas”, Cristian es el del nombre es hoy el director, el fundador y el que se encarga de ir delimitando las zonas de cuidado mientras yo hago la terapia en el agua. Cetáceas es una hija de nosotros, es nuestra bebé.

¿Y hace cuánto se concretó oficialmente cetáceas? 

Desde Mayo del 2024. En ese tiempo puse en mi Instagram personal, “Oye, a alguien le gustaría pertenecer a un grupo de aguas abiertas” y me respondieron como 5 personas y me dijeron “voy”, hoy tenemos una comunidad activa de setenta y siete mujeres que se encuentran y reúnen el último sábado de cada mes. Y vamos recorriendo diferentes playas. Vamos desde playa paraíso, amarilla, la chimba, trocadero, todas las playas.

Me imagino que eso ayuda a romper ese esquema del miedo a nadar en el mar también. Porque una cosa es nadar delante de las boyas, en las zonas delimitadas como seguras y en donde uno siente la arena, el mar es un poco más suave, a irse adentro y vivir la corriente, sentirla, los cambios de temperatura, hasta encontrar otro tipo de fauna. Y reunir tantas mujeres, porque incluso llegaron a ser 200

Si, ese es otro tema, las 200 mujeres que reunimos para el 8M, porque también ahí hay otro tema. A mí me gusta el leseo, siempre ando buscando cosas, me gusta, y si me dices “Oye hagamos algo” yo voy, dale. Un día nos levantamos con Cris y me dice “Podríamos hacer una reunión de mujeres, una convocatoria”. La primera convocatoria fueron 100, y la idea era hacer un 8M totalmente diferente, porque todos los años se hacen manifestaciones o marchas y al final casi siempre hay violencia, hay detenidas, hay drama y hay dolor de por medio. Entonces fue un “Oye, ¿por qué no nos convocamos, pero de una manera diferente?” Volviendo al gran útero, volviendo a la matriz, volviendo al mar, y no manifestándonos, sino que una conmemoración. Entonces, la idea era hacer una convocatoria de admirarnos a nosotras mismas, un vamos, un eres poderosa, un juntas podemos. Muchas mujeres no habían llegado más allá de no sentir el suelo, muchas tenían miedo. Entonces, avanzar y sentir que estábamos todas bonita y tomadas de la mano hizo del 8M algo totalmente diferente.

Y cuando hicimos la convocatoria para las 200 mujeres, oye, en menos de una semana se llenaron los cupos. Hay muchas mujeres en Antofagasta que quieren nadar, hay muchas mujeres que quieren reencontrarse con el mar, muchas mujeres antofagastinas que tienen el recuerdo de haber sentido el agüita, pero después venía el miedo y ahí se detuvieron en el miedo. Y eso es igual lo que trabajo a través de SUP Antofagasta, volver a nadar, pero no desde una natación de “Ya, cuatro repeticiones, mil quinientos metros”, no. Una natación de ¡Encuéntrate! ¡Obsérvatelo alrededor! ¡Mira las rocas! ¡Mira las estrellas de mar! ¡Mira los peces! ¡Hemos nadado! ¡Estás con pingüinos en la poza del balneario! ¡Vamos a la balsa! ¡Llegamos más allá! Mis alumnas hoy en día son capaces de salir de la poza y de entrar sabiendo cómo tienen que observar el oleaje, la entrada, el movimiento, el viento y eso a mí me hace pero muy feliz.  Que por ejemplo la gente que le ha enseñado a nadar hoy pueda nadar tres kilómetros y pueda ir a otras ciudades a competir. Entonces eso dice que no lo estamos haciendo tan mal, estamos abriendo un nuevo camino para las mujeres que era siempre más masculinizado.

Y más de piscina también…  Y en Chile yo diría también que no está muy potenciado el tema de las aguas abiertas. A pesar de que tenemos una costa tan extensa, de que las condiciones climáticas igual son bastante privilegiadas, especialmente en el norte de Chile, es como que el chileno promedio le tiene miedo a ir más allá del límite que está ahí, que dice, “esta boya es donde tú puedes llegar”, y hasta aquí llegaste. Tenemos mucha esa conciencia de no, allá es peligroso, te vas a morir, te va a pasar algo malo. 

De hecho, me pasa mucho que como yo soy la que lidera el grupo, que a cada salida los varones, especialmente de más edad y que no me conocen o que no me reconocen con la gorra, empiezan “Oigan, no salgan porque está peligroso”. Y ahí pienso que yo he salido mil veces, no les digo eso en el mar, pero les digo “Muchas gracias, pero yo voy acá con las niñas, las chicas me escuchan a mí”, o ponte tu nadando una vez un caballero cruzó a dar órdenes a las niñas, así como “No, hasta acá, o más para allá”, y ahí yo grito en el mar “Ustedes vienen conmigo y a quién escuchan es a mí, Muchas gracias, caballero, pero ellas vienen conmigo, acá yo soy la profesora y la que está a cargo de ellas”. Y caballero, así como “ay, ya”, siento que no te creen capaz.

Y eso también tiene que ver con un tema de género… 

Todo el rato, pero lo bueno es que tengo un super Partner que cree, confía y dice, “dale nena, tú puedes, yo me quedo con la cría acá en la tierra”, que las niñas confíen en nuestro trabajo, maravilloso también. Ahora, viene la gran fecha que es en diciembre que nos volvimos locos con Cristian y dijimos, “oye, ahora que no han escrito tanta gente de todo Chile, armemos un nacional”. Estamos hablando de un encuentro nacional de mujeres, estamos hablando con Viña, con Valdivia, con Huasco, Arica, Atacama, Serena, también que vienen, y esperamos hacer una jornada en la mañana de natación de 500 metros, 1500 metros, 3000 metros y también en la tarde un taller de charlas motivacionales.

Eso justamente te iba a preguntar, me imagino que igual debe existir algo similar en otras regiones, ¿Como has visto tú que ha sido el desarrollo de crear estos grupos de mujeres a nivel nacional? Que incluso ha llamado la atención fuera de Antofagasta. 

Hermoso encuentro yo, porque hemos subido a la información y me han hablado muchas, como también nos habló nuestra mejor amiga íntima, Barbara Hernández. Me escribe un día, y yo pero así, explotando, mi cabeza por todas partes cuando me dice “hola” y yo como “Esto tiene que ser una broma, que me está hablando la sirena de hielo” y me dice “Te quiero conocer”. Y yo gritando, y Cristian, ¿qué pasa? Me habló en abril del año pasado, y ahí me dice, “oye, voy para allá y quiero conocerte”. Y yo tipo “broma, dame tres segundos que te armo el mejor panorama en Antofagasta”. Y le escribí rápido a las chicas algo como “Chicas, viene Bárbara, hagamos algo”. Hicimos una once en la playa, vimos al atardecer y nos metimos al agua, fue como un cuento de hadas.  Llegó la Barbarita con Sebastián (Nadador Antofastino de Aguas Abiertas), nos metimos al agua, vimos el atardecer. Ella ha ayudado muchísimo a que mi comunidad crezca, porque cuando da una charla siempre habla de cetáceas, de las mujeres, de cómo se formó esto y que aquí en Antofagasta existe un movimiento de mujeres que está activo. Se supone de hecho que nosotras nos reunimos el último sábado del mes, pero al final nos reunimos casi todas las semanas. Hay muchas mujeres que empezaron conmigo nadando 500 metros, hoy las chicas están nadando un kilómetro y medio.

Lo otro a lo que iba a apuntar, es esto que en Antofagasta siempre hemos dicho que existe esta falta de sentido de pertenencia, esta falta de identidad Antofagastina. Pero yo creo que los Antofagastinos estamos muy vinculados al mar, hay una vida que gira en torno a tomar tecito en la playa, a converger con la familia, a juntarte con tus amigos, hasta carretear en la playa. Estamos muy conectados con eso, y eso a su vez permite reconectar con la identidad propia de la ciudad ¿Cómo has visto tu la percepción de quienes se han ido sumando a este grupo? ¿Cómo has visto que han conectado con la experiencia de volver al mar, pero desde adentro? 

Mira primero que todo, a mi gusta mucho ser las primeras veces, soy la primera vez de muchas: la primera vez que van al Trocadero, la primera vez que van a playa amarilla, la primera vez que nadan y que no tocan fondo. Para mí es como “wow estamos rompiéndola, o sea toda tu familia estar feliz de lo que estás logrando”, y a todas siempre las enaltezco, nunca te voy a echar para abajo porque todo lo que estás haciendo es logro, llegaste a la playa y eso es un logro, te metiste es un logro, salir de tu casa con hijos, con vida, con trabajo, con todo y llegar a la playa es un logro, compartir con otra es un logro, nadar en marejada nunca nadie había nadado en marejada de mi equipo, yo sí porque siempre como que me ha gustado el peligro y también tomé una clase de salvamento en oleaje gigante, y me gusta transmitir ese conocimiento, que si te gusta el mar puede venir una ola gigante y te puede revolcar ¿Qué vas a hacer tú? Es importante enseñar, escuchar, observar. Y que te digan “Oye, es la primera vez que hago esto” “Es la primera vez que me atreví a llegar hasta acá”, es hermoso, me llena el corazón. Nosotros lo hacemos por amor, no recibimos, pero ninguna remuneración por todos los desgastes, porque igual es un desgaste tremendo hacer un evento y convocar y juntarnos todos los meses, es tiempo más con una familia pequeña que somos los tres, pero lo hacemos desde el corazón y esperamos poder en algún momento ser retribuidos esperamos no sé formalizarnos ya como fundación.

Hay una pregunta que yo le hago a todas las chicas que yo he entrevistado, que es justamente respecto al financiamiento. Quiero tomarlo por otra arista, porque a los deportistas ya les cuesta les cuesta, sabemos que a nivel nacional hemos visto deportistas haciendo eventos para poder juntar plata e ir a competir y representar al país. En el caso de ustedes, que además sumado al deporte han ido desarrollando una labor social, que no tiene retribución económica, ¿Cómo han visto el recibimiento por parte de las autoridades, de la comunidad? 

En realidad, hemos tenido muy buena acogida, con la oficina de turismo, con la alcaldía con la gobernación marítima, porque nos conocen, ellos saben de nuestro trabajo y también pertenecemos a lugares donde uno va contando “esto es lo que estoy haciendo”. Entonces no es alguien que apareció un día e inventó esto, llevamos mucho rato en esto, mucho rato dándonos a conocer desde nuestros trabajo en forma profesional. Si hay apoyo de parte de todas estas entidades pero ninguno te suelta el dinero, nadie suelta el billullo. Es un apoyo tipo, “Ya, te apoyo, te presto mi carpa araña”, en estos momentos necesito un sistema de sonido, o que me puedan aportar con botellitas de agua para las asistentes, con esas cosas yo me doy por pagada. Por ejemplo ahora nos prestaron las dependencias de CMDR para hacer unas charlas, una sesión de yoga y de defensa personal, que está precioso, yo soy súper agradecida de todo, y esperamos que no sea una fecha solo de una vez sino que se repita todos los años, que perdure en Antofagasta un encuentro de mujeres en el agua, pero que no sea para federadas o para las de elite, sino que sea para esa antofagastina que nada todos los días a las 8 de la mañana, la que se junta con las amigas a pasar la depresión nadando hasta la balsa, a esa mujer es la que apunta Cetaceas, a esa mujer hay que darle una medalla, a esa mujer hay que consentirla de “Oye, flaca lo hiciste, lo lograste, eres una campeona”. Ya con el hecho de haber venido todas las veces a la playa, no necesitas una competencia, pero sí necesitas un encuentro donde puedas escuchar que hay miles de mujeres que han hecho lo mismo que tú, y hay miles de mujeres que se están atreviendo a viajar a otra ciudad a hacer lo mismo, y que nosotras podemos hacer lo mismo en otras ciudades, esa es la idea.

Si, quizá falta ese vínculo con la empresa privada, porque sabemos que en Antofagasta el mundo minero es súper potente y hay lucas, quizá no puedan llegar y aportar 50 millones de pesos, pero si decir “Oye, podemos aportar con 100 botellas de agua” “Podemos ponernos con bidones de protector solar”, que al final son aportes que van sumando. A veces ellos igual buscan esos vínculos y no saben cómo hacerlos, y hablo de empresas más pequeñas o medianas que también estarían interesadas en apoyar.  

Así es, es por ejemplo nosotros lo que hemos logrado ha sido “mi primo, mi amigo, el esposo de, el esposo de ella, el pololo de”, y así hemos conseguido auspicios y con empresas más pequeñas. Hemos recibido también un gran aporte de la Laura de Rescon, que se pasó. Pero bueno, hemos mandado cartas, estamos a la espera, hemos enviado un surtido de cartas con un dossier de solicitudes, que desde el animador, desde el audio, desde la polera, desde soñar en traer a la Bárbara Hernández. Lo que sigue para nosotros es hacer lo legal, la fundación, me he demorado porque como mamá, tu sabes, hay 400 millones de cosas más importantes que hacer que un papel, pero tengo que hacerlo. Ojalá de aquí a Diciembre para que ya empecemos el otro año, y poder gestionar para los eventos.

Hacer esto de repente es tiempo, es tiempo para cetáceas, es tiempo para escribir, es tiempo ir a reuniones, es tiempo hacer lobby, pero siempre pensando en positivo y que va a traer su retribución en algún momento, que todo esto va a ser para en realidad para ella (su hija), que va a abrir va a abrir las puertas para las miles de juventudes que vienen, miles de niños van a decir “Mi tía nadaba, mi hermana nadaba, mi mamá, mi abuela y yo también nado”, entonces eso es lo que quiero, que sea esto generacional, que trascienda en el tiempo.

¿Tú sientes que hay algún momento que haya sido así como “wow, por esto es que yo hago lo que hago”? Que sientas que haya valido la pena, que haya valido el cansancio.

El primer 8, la primera convocatoria de ese 8  de Marzo, cuando la convocatoria era para 100 mujeres y llegaron 154. Yo pensaba “No, esto se me escapó de las manos”, pero una vez entré al agua y dirigí al grupo, el canto, hacemos el círculo, gritamos fuerte, hacer figuras en el agua y ver que todas están haciendo lo que les dices, las 154 moviéndose a ese ritmo. O ponte tú, cuando logras mujeres que fueron capaces de nadar 1 km en aguas abiertas, cuando antes solo nadaban en la poza, que la Bárbara nos busque, que diga “Quiero conversar con ustedes, quiero conocerlas”, ahí uno dice “Wow, todo esto llena mi corazón”, que mi hija reconozca el logo de cetáceas, que llegue una flaca angustiada y diga “estoy ahogada, no tengo con quien dejar a mi cría” y que te la podamos ver un ratito para ir a nadar, y todas estamos cuidando a esa guagua mientras la mamá nada, eso es cetáceas. Que llegue el esposo y esté acompañando a su señora mientras ella nada, eso es cetáceas, que lleguen los pololos y ayuden a armar la carpa araña, eso es cetáceas. Ahí somos comunidad, somos unión.

Debe ser una experiencia super bonita 

Es super transformadora, es super transformadora. Mis clases no son solo de natación, sino que es mar terapia, aquí el mar es nuestra terapia, y no solo estás aprendiendo tú, yo también estoy aprendiendo, y estamos haciendo un aprendizaje dinámico. Cada una está venciendo sus propios miedos. Me acuerdo a que a una de las chicas le daba miedo no tocar el fondo, hasta que nos formamos en un círculo, nos abrazamos y ella misma se da cuenta que no estaba tocando el fondo, y se pone a reír y de la risa pasó al llanto y se pone a llorar dice “perdóname pero es que nunca pensé que lo iba a hacer, que iba a estar aquí en el fondo”. Y yo le dije es que no estás sola, estamos todas contigo, estás acompañada.

Eso es lo que siempre trato de entregar, de que en el mar nunca vas a estar sola, siempre vas a estar acompañada, y quizá no físicamente van a estar las otras, van a estar acá y van a estar acá (Cabeza y corazón). Me siento segura con este abrazo del mar, siento mis vidas, mis madres, mis abuelas, porque hay que recordar que estuvimos dentro de un mar y volver al mar es lo mismo. Estar dentro de un útero, de la placenta, es lo que yo traspaso, quizá es de mi propia experiencia, de lo que he vivido, pero creo que así ha funcionado súper bien y todas las mujeres que hemos tenido en Cetáceas salen felices.

¿Dónde tú ves a Cetáceas en un par de años más?

Viajando por el mundo, que ya no sea solo Antofagasta o Chile, viajemos a otros mares, viajemos a Hawái, viajemos a Rapanui. Sebastián va a ir a dar la vuelta a Rapanui, por qué no ir con un grupo de mujeres de Cetáceas, no que den toda la vuelta, sino que estén por estaciones, que hermoso sería. Le dije al alcalde imagínese Antofagasta, una ciudad del norte, yendo al Chapuzón Magallánico, y que no sea una Antofagastina, que sean 100 Antofagastinas. ¿Te imaginas lo que sería? Y vamos hasta con el alcalde, proyectar a Cetáceas no solo en Antofagasta, sino que sea a nivel internacional, y que podamos ser una fundación que ojalá tengan muchos millones para poder hacer todo lo que queremos, tener nuestros sonidistas, tener nuestras mesas de sonido, tener nuestro micrófono, nuestras carpas arañas, nuestros baños químicos para poder ir a otras localidades y si no hay baños “Oye tenemos un baño”. Ir empezando con cositas pequeñas, pero que ojalá esto perdure como te decía, ir trasciendo en el tiempo

La última pregunta que me queda es más introspectiva… ¿Qué le diría la Marianella de hoy, que ha logrado todo esto con mujeres, que ha logrado convocatorias enormes, que vive esta transformación de otras mujeres, que ha sido la primera vez de tantas? ¿Qué le diría la Marianella de hoy a esa Marianella que necesitó volver al mar en su momento, esa que estaba deprimida, que no se encontraba? 

Se me llena los ojos de lágrima… confía, confía, así como la ola en el mar que viene una y otra vez a veces suave, a veces fuerte, confía. Que todo pasa, por muy ahogada que tú te veas y te sientas, confía que va a pasar y lo que tienes siempre va a ser mejor de lo que está.

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