CRÓNICAVisto 419 veces — 25 mayo 2026

La prohibición de las bolsas plásticas en Chile fue presentada como una medida ejemplar para reducir la contaminación. Pero, con el paso del tiempo, también quedó en evidencia un efecto económico no menor: supermercados y grandes cadenas transformaron la eliminación de las bolsas gratis en una nueva fuente de ingresos millonarios.

La Ley 21.100 cambió por completo el modelo. Antes, el comercio entregaba bolsas plásticas sin costo y absorbía ese gasto como parte de su operación. Después de la prohibición, ese costo desapareció para las empresas y pasó al consumidor, que ahora debe pagar por bolsas reutilizables, de papel u otras alternativas que se venden en caja.

El negocio para el retail es doble. Por un lado, dejó de comprar y distribuir millones de bolsas plásticas al año, lo que significó un ahorro importante en costos operativos. Por otro, comenzó a vender productos que antes eran gratuitos, generando una nueva línea de ingresos que, multiplicada por miles de locales y millones de compras, se traduce en cifras millonarias.

Distintos reportes periodísticos han mostrado que, tras la prohibición, aumentó con fuerza la venta de bolsas de papel y reutilizables en supermercados y grandes tiendas. Lo que antes era un insumo menor pasó a convertirse en un producto con rotación diaria y alto margen comercial. En la práctica, cada bolsa vendida en caja representa una ganancia pequeña en la boleta individual, pero enorme cuando se suma a escala nacional.

El impacto ambiental de la ley fue real: se redujo de manera drástica el uso de bolsas plásticas de un solo uso. Sin embargo, desde el punto de vista económico, la medida también abrió un negocio estable para el retail, que encontró en las bolsas una caja adicional de ingresos. En simple: se eliminaron las bolsas gratis, pero nació un mercado que factura todos los días.

Al final, la cuenta la termina pagando usted.

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